|
Para asegurar altos beneficios
económicos, La industria ha ido desnaturalizado sistemáticamente
la calidad de los alimentos. Algo tan elemental como la comida,
se somete a procesos de refinamiento para hacerla más
duradera, uniforme y adaptable a la manipulación del
mercado, pero que la despojan a la vez de muchas de sus propiedades
naturales. Las consecuencias de este desatino impactan sobre
la salud y la economía de los consumidores. El azúcar,
que se extrae de la caña de azúcar y de la remolacha,
es uno de estos alimentos industrializados cuyo consumo excesivo
predispone a padecer enfermedades crónicas.
La caña de azúcar es originaria de la India,
donde se extraía el azúcar por simple evaporación
conservando una buena parte de su contenido original. En cambio,
en los ingenios actuales el jugo de la caña pasa por
una serie de procesos de clarificado, cocción, filtrado,
lavado y cristalizado donde se pierden minerales y vitaminas.
El resultado final es sacarosa, sustancia que una vez ingresada
al organismo busca rápidamente unirse a las sales minerales
que le extrajeron, en especial el calcio. Se forma de este
modo sucrato de calcio que no se puede asimilar
y es eliminada. De este modo el organismo es despojado del
calcio produciéndose caries, pérdida de masa
ósea, raquitismo infantil entre otros males.
A muchas personas le gusta comer cosas dulces y el azúcar
en sí es una fuente de energía instantánea,
pero lo ideal es incorporarla equilibradamente con el consumo
de frutas, para no recargar el trabajo del hígado y
predisponiéndose a la obesidad y la diabetes. En lugar
de azúcar puede utilizarse miel que contiene calcio,
hierro, fósforo, aceites esenciales, glucosa, sacarosa,
levulosa, dextrina, vitaminas, entre otros elementos o melaza
que es un concentrado del jugo de caña de color oscuro,
rico en hierro y calcio.
La miel y la melaza son excelentes para endulzar infusiones,
preparar mermeladas y postres, pero hay personas que no pueden
consumir azúcar o llevan adelante una dieta de bajas
calorías. En este caso la alternativa más natural
es el esteviósido, principal endulzante de una planta
paraguaya, la Stevia rebaudiana. Los indios guaraníes
utilizan sus hojas desde hace siglos, no sólo para
endulzar sino también por sus propiedades medicinales.
En los años 30 investigadores franceses lograron cristalizar
el principio edulcorante determinando que es 300 veces más
dulce que el azúcar y que no posee efectos tóxicos.
Quienes adoptan este endulzante destacan que no deja sabor
metálico en la boca, como ocurre con los edulcorantes
sintéticos y que se acostumbraron rápidamente
a su uso. La Stevia se presenta en polvo y el forma líquida,
siendo esta última la que posee una mejor dilución
ya dos o tres gotas son suficientes para endulzar una taza
de te o café.
|